ENSEÑANZAS BÍBLICAS

 

EL GÉNESIS

 

CAPÍTULO VI

 

EL DILUVIO - LA MUERTE DE LA CUARTA RAZA RAÍZ

(Continuación)

 

        Génesis 6:13

        “Y el Señor dijo a Noé: Veo el fin de toda la carne, pues por su culpa la tierra está llena de violencia, y la voy a exterminar con la tierra.”

 

        Los motivos del Diluvio se dan en los Apócrifos como sigue:

 

        “Debido a tres cosas llegó el Diluvio sobre la tierra: la traición de los dirigentes a la ley de sus ordenanzas se convirtió en una persecución de las hijas de los hombres y tomaron para sí las mujeres que les gustaban y fue el principio de la impureza. Y todos se vendieron a sí mismos para perpetrar la iniquidad y verter mucha sangre. Tras ello, pecaron contra las bestias y las aves y mucha sangre se derramó sobre la tierra.”

 

        Describiendo la destrucción de que fue objeto la tierra en aquel tiempo, Enoch dice que se debió al descubrimiento de secretos ocultos. Le siguió la corrupción, con lo que “la tierra fue sacudida violentamente”. Dice luego que Noé vio inclinarse a la tierra, a medida que se aproximaba a su destrucción. Plutarco, el moralista griego, hace una afirmación parecida al decir que la tierra se dobló e inclinó hacia el sur – que el ocultismo adscribe a Yama, el dios de los muertos. Las referencias de Platón sobre el tema están de acuerdo con lo dicho arriba y coincide también con las enseñanzas de los Misterios griegos.

        La Tierra es un vehículo de vida y conciencia, como lo es nuestro cuerpo físico. Tiene su organización nerviosa y sus centros síquicos de fuerza. Los polos Norte y Sur se corresponden con las dos polaridades del espíritu humano, la masculina y la femenina. Uno de estos polos o principios cayó en el hombre, como consecuencia de lo que, más tarde, cayó en el cuerpo de la Tierra. El hombre posee la clave del progreso y de la regresión, tanto de sí mismo como del planeta sobre el que vive. El pensamiento es la fuerza con la que actúa. Crea las condiciones externas a tenor de las internas. Por eso la profunda verdad de Shakespeare: “Nada es bueno ni malo. Es el pensamiento el que lo hace así.”

        Los malos pensamientos fueron los autores de desastre general. El conocimiento espiritual fue pervertido. La Sabiduría de los Misterios, abandonada. El hombre no vivió bajo los dictados de su naturaleza espiritual, sino del placer de la carne. Cayó en prácticas groseras hasta que la naturaleza, ultrajada, reaccionó con un cataclismo destructivo que terminó con los pensamientos negativos de una humanidad que había perdido su camino en la maldad.

(Continuará)

 

 

BOLETÍN 46 & 47